Algunas estrellas de la NBA han decidido no vacunarse por una serie de motivos, algunos de ellos religiosos. Bueno, estrellas y no estrellas porque aproximadamente un 5% de los jugadores no están vacunados cuando están a unas pocas semanas de comenzar la competición. Uno de ellos, verdadera estrella, es Kyrie Irving, jugador de los Brooklyn Nets, que ha sostenido en público que la vacuna es un plan de Satanás patrocinado por sociedades secretas para insertar microchips a los afroamericanos a través de la vacuna Moderna y, de esa forma, poder controlarlos con ordenadores; Irving, un terraplanista convencido, aduce su libertad individual para vacunarse, y debe ser respetado. Como también debe ser respetada la ley de dos estados, Nueva York y California, que han decretado la exhibición del carnet de vacunación para acceder a eventos multitudinarios que se celebren en pabellones cerrados; por tanto, Irving no podrá jugar como local en ninguno de los partidos, ni como visitante en partidos tan relevantes como los que jugará su equipo contra Golden State Warriors o New York Knicks por poner dos ejemplos sobradamente conocidos. El daño que hace a su club es colosal por lo que la NBA, ejemplo claro de empujar lo que sea necesario para proteger al negocio, ha decidido no pagar a los jugadores por esos partidos. Más allá del pulso entre unos y otros, subyace el eterno debate entre la libertad individual y el beneficio colectivo.

A estas alturas sabemos que la vacuna protege, si bien no al 100%: la probabilidad de morir en caso de infección es 11 veces superior para un no vacunado, lo cual es una razón de peso para vacunarse. Adicionalmente, el vacunado puede contagiar y todos conocemos casos de enfermedad grave entre los vacunados, pero creo que la mayoría de nosotros nos sentimos felices de estar en el lado de los que se han inoculado y aspiramos a retomar esa bendita normalidad.

El patrón de los Nets quiere lo mejor para su negocio. El gobernador de California quiere lo mejor para sus ciudadanos y legisla para ello aun sabiendo que tendrá que enfrentarse a discrepancias, rebeliones y demandas judiciales; yo, personalmente, siempre he defendido que los gobernantes tienen que legislar y que su objetivo es mejorar la vida de sus ciudadanos y no ganar el concurso anual de popularidad. 

Tú no eres el patrón de los Nets pero también tienes un negocio que se verá resentido si se produce un contagio entre tus empleados, que puede ser grave si no todos están vacunados; además los clientes van a tu establecimiento y algunos de ellos no están vacunados. Hoy proteges a unos y otros siguiendo estrictamente las normas pero siempre queda un pelín, esa duda de si es suficiente lo que hacemos, con la incertidumbre de si podemos hacer algo todos para recuperar la posición de partida. ¿Qué pasa si decides proteger a tus clientes y empleados obligando a todos a vacunarse para acceder? Sí, ya sabemos que la vacuna no es garantía absoluta de inmunidad, pero sería un movimiento en la dirección correcta una vez hecho el esfuerzo de todos los gobiernos por vacunar a toda la población. ¿Perderías oportunidades de negocio? Quizás a corto plazo, pero seguro que tu gente de Marketing podría ayudarte a capitalizarlo. El problema es que no tienes un marco legal claro en ese sentido y ya analizamos en otro número las incertidumbres que se te generarían; la conclusión era que los nubarrones se despejarían mucho si nuestro querido Gobierno lo regulase. ¿Imposible?

Hay un señor que se llama Mario Draghi, economista italiano nacido en 1947. Muchos lo recordamos por haber sido presidente del Banco Central Europeo durante la crisis del euro y por aquellas palabras del 26 de julio de 2012 (“El BCE está dispuesto a hacer lo que sea necesario para preservar el euro. Y créanme, será suficiente”) que consiguieron calmar los mercados en plena crisis de la deuda soberana. Pues bien, ese señor es ahora mismo Presidente del Consejo de Ministros de Italia, plaza tradicionalmente complicada, desde febrero de este año, que no es el mejor momento para lucirse. En agosto puso en marcha el certificado verde, que requiere probar que se está vacunado para acceder a museos, teatros, estadios de fútbol, piscinas, spas, gimnasios y parque temáticos, así como al interior de bares y restaurantes o para el transporte público de larga distancia. No es el primer país en hacerlo porque ya hubo otras medidas en países como Dinamarca y Francia, pero lo remarco porque ha tenido una contestación social importante en algunas zonas, incluso en el propio Consejo de Ministros, y el señor Draghi no solo ha aguantado el tirón sino que ha ido más allá al anunciar que se está planteando decretar la vacunación obligatoria; de momento, a partir del 15 de octubre será obligatorio presentar el certificado verde para acceder al trabajo, tanto funcionarios públicos como empleados de empresas privadas, con multas de hasta 1000 euros y posibilidad de suspensiones de empleo y sueldo para los funcionarios. El objetivo sigue siendo el mismo: vacunar a toda la población como premisa básica para recuperar la economía, y en caso de que no lo consiga decretará la obligatoriedad.

Por tanto, imposible no parece. Y yo le aplaudo su valentía de seguir adelante aún a riesgo de perder su sillón si se fractura el Ejecutivo o de enfrentarse a disturbios en la calle. Y me da envidia. Mis detractores me recordarán que en este país también se están haciendo cosas, y tendrán razón, pero echo de menos una actitud normativa más decidida. Mientras eso llega…¿le pedirás un certificado de vacunación a un candidato? ¿pondrás a un empleado no vacunado a atender al público? ¿crearás un puesto especial innecesario para segregar a los no vacunados? Como diría el profesor Rodríguez Brown…¡¡cuidadoooo!!

Por cierto, acabo de leer que Kyrie Irving ha aceptado vacunarse.